Santos Teatinos (47)

Lorenzo Scúpoli y el combate espiritual

Santos Teatinos, banner 47

La confianza en Dios mediante la desconfianza de sí mismo

Amigos de Teatinos en México:
En el número anterior Scúpoli, en El Combate nos enseñó y nos invitó a desconfiar de nosotros mismos. En consecuencia, también nos enseñó a confiar cada vez más en Dios.

Y es que lo anterior es como un círculo virtuoso, a mayor desconfianza de sí mismo, mayor confianza en Dios; sin embargo, es un estado o condición a la que, si deseamos llegar, es necesario pedirla a Dios. Él da esa desconfianza de sí, a sus amigos, a través de santas inspiraciones… pero a veces, también a través de duras pruebas, así como tampoco podrían faltar violentas tentaciones que incluso podrían parecernos insuperables. Es por eso que Scúpoli nos propone cuatro medios para alcanzar la desconfianza de nosotros mismos, siempre, por supuesto, con la ayuda de Dios:

  • Primero:
    Hay que conocer y considerar tu propia nada; y la pregunta es cómo, si hoy día los psicólogos, educadores y pedagogos nos hablan de la autovaloración y la autoestima.
    En realidad son ideas y principios que no se contraponen, pues, si bien es cierto que al autoconocerse cada quien es capaz de descubrirse valioso y con cualidades personales, también es cierto que los dones que poseemos son dados por Dios, por un lado, y por otro, la superación de las dificultades que se nos presentan en la vida, las enfrentamos gracias a la fortaleza con la que Dios nos anima y por él somos capaces de afrontarlas y vencerlas.
    Así, Dios nos ayuda a entrar en su reino, pero también a pregustarlo ya desde la vida presente.
  • Segundo:
    Pedir dicha desconfianza de nosotros mismos con ferviente y humilde oración al Señor, ya que es don suyo.
    Lo anterior implica, en consecuencia dos cosas: primero autoconocimiento de la propia limitación y, segundo, la humildad necesaria para pedir eso que necesitamos y que sea dada o concedida por el Señor, quien solamente puede otorgarla.
    No hay que desesperarse. Es preciso también, saber que el don pedido será concedido. No sabemos cuándo, pero será concedido sin lugar a dudas. Por tanto, ser paciente, es también una actitud necesaria.
  • Tercero:
    También ayuda acostumbrarse a tener miedo de sí mismo, de la propia forma de pensar, pues hay que recordar nuestra constante inclinación al pecado, al igual que nuestra casi constante falta de resistencia al mismo. Tener miedo de sí, puede no resultar fácil, pues más que humildes, tendemos a ser soberbios y engreídos, pero para este paso, ayuda considerar, nuevamente, nuestra propia nada.
  • Cuarto:
    En el intento de la desconfianza de nosotros mismos, para confiar cada vez más en Dios, no es raro el fracaso –así que no hay que desesperarse, si caemos, es porque seguramente vamos avanzando–.
    En consecuencia, las caídas que podamos sufrir –y que seguramente sufriremos– debemos aprovecharlas para adentrarnos en la consideración de nuestra gran debilidad y pequeñez, y de la gran necesidad que tenemos de Dios.
    Es válido considerar, incluso, que Dios permitió la caída, para ejercitarnos más en la humildad, para fortalecernos más en el intento de levantarnos, para permitirnos nuevamente experimentar su amor hacia cada uno de nosotros.

Advierte Scúpoli que:

«es necesario el conocimiento de sí mismo»

como lo hemos apuntado líneas arriba. Y añade que es

«un conocimiento que la bondad de Dios concede ordinariamente a los soberbios y presuntuosos, a través de sus caídas… para que aprendan a desconfiar totalmente de sí mismos».

Y es que la bondad de Dios –continúa diciendo–

«permite que el hombre caiga más o menos, según sea mayor o menor su soberbia o su propia reputación, de tal modo que donde se encontrara la mínima presunción, como fue el caso de la Virgen María, no habría la más mínima caída.»

Santísima Trinidad

Así pues, he aquí la importancia de conocerse a sí mismo, para poder desconfiar de sí, y confiar más plenamente en Dios. La tarea, a partir de ahora, es emprender el autoconocimiento necesario, unido a la oración para pedir a Dios la humildad que nos permita reconocer que sólo podemos vencer y superar las vicisitudes de esta vida, apartándonos del pecado que nos daña, con la ayuda y la confianza plena en Dios.

Nos encontraremos, queridos lectores, en el siguiente número de nuestro boletín para hablar acerca de la confianza plena en Dios, cómo adquirirla, y del mucho bien que hace en nuestras vidas.

Unidos en oración.
Hno. Ernesto Aké Trujillo, C. R.

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